Niños y Adolescentes: potenciar su bienestar

Nuestros hijos: niños, pre- adolescentes, adolescentes son nuestra luz. Mantenerla encendida,  brindarles la nuestra, generarles luz propia,  requiere un proceso de aprendizaje... DEBEMOS estar dispuestos a recorrerlo y pedir ayuda cada vez que sea necesario. Aquí  algunas pautas, sugeridas afectivamente por Beatriz, Terapeuta Familiar  de Múltiples  Miradas:

Cuando el “síntoma” es un hijo:

Cuando una familia atraviesa un conflicto, pareciera que los comportamientos de los niños o adolescentes aparecen en la primera plana. Ellos son “mirados” como los que muestran los síntomas, los desencadenantes del malestar familiar, “los que tienen que ·tratarse“.

Mientras tanto los padres alejan la responsabilidad por lo que está sucediendo, se sienten aliviados cuando dejan en el espacio terapéutico el episodio traumático.

Pero afortunadamente, ellos no siempre ignoran lo que está pasando,  y acuden al acompañamiento,  reconociendo que pueden estar sufriendo mucho, y que su estado de angustia,  bloquea la necesidad de expresar auténticamente y con franqueza, lo que les está sucediendo.

Todos tenemos oportunidad de cuestionarnos errores en la crianza de los hijos, superando la vieja contradicción o antinomia: cuerpo y mente, quitarle importancia al  sufrimiento psíquico, respondiendo a éste con la famosa y antigua frase “tu puedes”! Subrayando que pedir  ayuda  es cosa de débiles,  frivolizando la consulta, y el dolor.

Así como nadie puede ser sometido a una cirugía sin la intervención de un médico,  asimismo  el sufrimiento psíquico necesita de la orientación y acompañamiento de un especialista.

El dolor emocional puede ser tanto o más fuerte que el dolor físico, por eso ninguno de los  dos ocupa un lugar secundario, ni significa una “moda” o “snobismo” concurrir a una terapia.

Cuando algunos opinan que ella genera dependencia, ignoran EL CAMBIO que se busca a través de un proceso de curación. CAMBIO que se obtiene cuando la persona logra un “feeling” con  el profesional elegido  que le hará sentir con seguridad,  que ha hecho la elección correcta.

No importan las técnicas, las escuelas o los métodos, ni siquiera la necesidad de conocer la diferencia existente entre un analista, conductista, gestáltico, o sistémico. Porque para los consultantes es importante la persona del profesional y su calidad humana.

Máxime tratándose de niños y adolescentes, quiénes necesitan  intervenciones firmes, claras, hay que acercarse de manera  de inspirarles  la confianza esperada, y pronunciarles palabras que lo movilicen y le hagan pensar: “éste, apenas me conoce y ya encontró las frases justas para expresar lo que estoy sintiendo, además  me dice lo que necesito escuchar”, sean errores o aciertos.

Los sentimientos de no poder defenderse y de estar desorganizados y confundidos por ejemplo, que suelen sentir los niños y los adolescentes, pueden trocarse por sensaciones de control y competencia, en la orientación y acompañamiento terapéutico.

Administrar tiempos, ordenar actividades, ser capaz de crear y elegir contextos, puede ser un producto del proceso, cuando se buscan cambios.

Estar abierto a nuevas experiencias y ser capaz de plantearse objetivos en la vida, obtener la sensación de encontrar un rumbo, y aprender a resistir presiones sociales, son las resultantes de estos procesos de acompañamiento.

Aceptarse, valorarse, autocontrolarse son actitudes que pueden obtenerse, trabajando los aspectos que obstaculizan esas conductas.

En los niños: algunos síntomas que pueden estar “hablándonos” de la necesidad de una consulta, “mi hijo volvió hacerse pis encima”,  “se despierta por las noches y se pasa de cama”  , “no tiene amigos, es peleador”,  “está disperso” dice la maestra o los profesores., “se aisla”  dicen en la escuela  o sus amigos o compañeros-, “nada le importa, no presta atención” “está insoportable desde que nació el hermano”

En el adolescente se complica más, porque cree que con su grupo de “pares” todo lo resuelve, toman el consejo de los padres como “agresiones”, confrontan opiniones y desafían.

Como padres no podemos ser testigos mudos de lo que está sucediendo: tomar  conciencia y accionar nos acerca a resolver los problemas,  pedir ayuda, involucrarse, comprometerse, es una actitud de amor y responsabilidad familiar, un ejemplo que seguramente AGRADECERAN nuestros hijos.


Lic. Beatriz Cruces

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