Reconstruirnos luego de la partida de un Ser Querido

El vacío, la desolación,  la tristeza, el dolor nos invaden sin permiso. Ocupan de repente un espacio tan grande, que no imaginábamos  que existía adentro nuestro.

Pasamos a experimentar un día a día incierto, con emociones profundas,  altibajos,   momentos de llanto desconsolado. Miedos desconocidos, enojos, dudas acerca de si hicimos lo suficiente, si le demostramos lo mucho que lo amamos.

 Dependiendo del vínculo, de nuestras creencias,  de la manera que haya sido su partida, en general, surgen interrogantes: dónde está ahora? cómo estará? con quien? qué hay del otro lado? por qué ahora? se habrá dado cuenta? habrá sufrido? estará viéndonos?  nos enviará señales? nos protege ahora? podrá  reencarnar pronto?  habrá cumplido su misión?

También afloran dudas sobre nuestra existencia: cómo sigo? cuándo y cómo moriré? nos reencontraremos en otro plano? cómo será el plano celestial?

Gran parte de nuestra vida, se desmorona: cambian los rituales, las conversaciones, los roles, y en medio de este torbellino, cada uno a su tiempo, sin atajos, dependiendo de la situación y de nuestras fortalezas, podemos ir  un poco más allá de los pensamientos, sentimientos y emociones, y descubrirnos desde otro lugar, poniendo  atención especial en la percepción.

Reconstruirnos es una elección. Podemos convertir dolor en sufrimiento,  quedarnos en la impotencia, dando vueltas en lo vivido, lo no vivido, lo que podría haber sido, que por un tiempo es necesario como un proceso de adaptación y acomodación a nuevas formas de vida, pero, atravesando este tramo tan tormentoso,  poco a poco, podemos elegir infinitas posibilidades.

Entre tantas, emprender un camino de aprendizaje, de conexión con ese ser querido desde un lugar  más sensible, honrando sus huellas, siguiendo su legado,  multiplicando los valores que han dejado en nosotros.

La vida está llena de señales, cuando la mente se abre, la percepción aparece.

Podemos elegir un presente digno, conscientes de que, a pesar del dolor, la vida continúa, y ahondar en aspectos hasta ahora inexplorados.

 Justamente, cuestionarnos el sentido de la vida, el para qué, cómo, con quien seguir, hacia donde. Revisar nuestra propia escala de valores, disminuyendo  excesos en el  hacer y tener,  aumentando la energía que invertimos en cultivar el Ser.

Haciéndonos cargo de nuestra existencia, en principio, con autocuidado en nuestro cuerpo, en la alimentación, ejercicio físico, relaciones afectivas, actividad laboral, y por otra parte, empoderarnos con nuevos hábitos de conexión con uno mismo, empezando por el autoconocimiento en cuanto a gustos, intereses, capacidades,  y generar espacios para desarrollar algo distinto, encontrarnos desde un lugar compasivo, brindándonos  amor,  dando y recibiendo amor, que será lo que sanará nuestras heridas, y  sostendrá lo que vayamos creando.

Hay fechas que agudizan el padecimiento, los cumpleaños, fin de año, y otros eventos que compartíamos, la ausencia se siente a flor de piel: qué hacer?

 Nuevamente, despojarnos del “deber ser y el parecer”, entregarnos al Ser, honrarnos, pedir un abrazo, expresarnos genuinamente. 

Cómo dice Viktor Frankl, único sobreviviente de su familia de los campos de concentración, en su libro: El hombre en busca de sentido. 1946:

 «La felicidad es como una mariposa. Cuanto más la persigues, más huye. Pero si vuelves la atención hacia otras cosas, ella viene y suavemente se posa en tu hombro. La felicidad no es una posada en el camino, sino una forma de caminar por la vida.»    

Lic. Evangelina Aronne M.P. 3528

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Etiquetas:
amor Despedir a un ser querido Resiliencia Valores
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